TPM
como lo referiremos en el contenido de este manual, es una disciplina que se
viene desarrollando desde principios de los 50’s en Japón. Fue una empresa
proveedora de partes eléctricas automotrices que suministraba su producto a la
Toyota la que sentó las bases para esta nueva forma de asegurar un plan de
mantenimiento eficaz, económico y seguro.
La misma Toyota adoptó estas bases y prácticamente lo integró en su ya
famoso Plan Toyota de Manufactura.
Siguieron
decenas y actualmente son ya miles de empresas asiáticas las que lo han
implementado. Viendo su éxito, las
empresas americanas, especialmente las que tienen negocios filiales en Asia,
comenzaron a adoptarlo en sus plantas con los mismos sorprendentes resultados.
Tales son los casos de Dupont, Motorola, Monsanto, Kodak y muchas más.
El
Sistema Postal de los Estados Unidos atravesaba por una etapa de crisis, miles
de vehículos en mal estado e insuficiencia en sus talleres, y a alguien se le
ocurrió implementar TPM. En menos
de cuatro años de proceso, volvió a ser uno de los sistemas postales más
eficientes del mundo. Hoy, un número creciente de repartidores de correo es
propietario de su vehículo, en consecuencia las descomposturas se han reducido
en un ¡98.75%! Algo muy similar sucedió con incontables empresas de taxis, y
el auto-transporte pesado también ha entrado en esta modalidad de
“asociados” en vez de empleados, donde cada quién es responsable de su
unidad y en muchos casos incluso son los propietarios de la misma y están
participando en el negocio total de la empresa.
Cuando Ford Motor Co. Que ha atravesado por tantas crisis de calidad en su
larga historia, adquirió la empresa Mazda USA, con un altísimo grado de
calidad total, fue un momento oportuno de extender y reforzar el TPM y otros
sistemas de manufactura esbelta a las demás plantas Ford y se han logrado
importantes avances.
Historias de éxito con TPM hay miles, pero de nada nos sirven si nosotros no lo podemos implantar en nuestra fábrica. Ese es el reto y aquí vamos a buscar las soluciones para lograrlo.
TPMonLine.com se estableció a fines de 1998 aprovechando el maravilloso recurso
de la Internet. Ya anteriormente existía una red de trabajo “network”
similar en la SMRP Sociedad de Profesionales en Confiabilidad y Mantenimiento.
De hecho yo en lo personal la usé en más de una ocasión para compartir y
aprender, sin embargo, alguien quiso aumentar el “control” sobre su
funcionamiento y naturalmente dio al traste con ella. Recordemos que
“control” y “poder” han sido siempre antónimos de progreso y bienestar
común. En esa red hice contacto con ingenieros de diversos rincones de los
Estados Unidos, Venezuela, Canadá y muchos otros países algunos, todavía
forman parte de la red de TPMonLine. La verdad se aprende mucho en esos sistemas
de preguntas y respuestas. Si ustedes ponen una pregunta ahí, mas vale que
tengan una silla bien cómoda para que no se cansen. Comenzarán a recibir
bastantes y muy buenas respuestas. TPMonLine
está abierto a todos ustedes. Si no lo conocen entren por favor:
La dirección es:
http://www.tpmonline.com/
También recomendamos: http://www.manufacturaesbelta.NET
Como
definición, diremos que TPM es un sistema de gerencia óptima de
mantenimiento, apoyado en el mantenimiento autónomo donde cada operador de
equipo de producción se convierte en “propietario” de su máquina y cuida
todos y cada uno de los detalles que han de preservarla en óptimas condiciones.
Una
vez implementado, la recurrencia al departamento de mantenimiento es mínima. El
(la) operador(a) lubrica su equipo con la periodicidad recomendada y tiene la
facultad de modificar ese programa conforme a las necesidades reales y sus
observaciones personales, accesando las especificaciones del fabricante. También
se encarga de ajustes menores, tornillos o birlos que se aflojan, así como
pequeños detalles de aspecto del equipo.
En
algunas plantas, le damos al operario una lata de pintura (spray) al color de la
máquina con la que hace retoques y mantiene la buena presentación. También,
gradualmente, se le capacita para que pueda determinar el estado de bandas,
cadenas y otros elementos de transmisión de su máquina y hacer ajustes y
reparaciones menores. En sistemas
hidráulicos, se le capacita para definir causas de fugas y su localización.
Algunos operadores alcanzan un desarrollo tan satisfactorio, que ellos mismos
hacen algunos ajustes y corrigen las fugas y fallas menores.
Para
facilitar el servicio, debe estar visible el número o código de parte (banda,
cadena, filtro, etc.) para que al reportar a mantenimiento él pueda indicar:
“Se necesita una banda B-46 en la máquina # 15”. Esto lo ampliaremos en Sistemas Visuales, más adelante.
Llegado el momento, el técnico de mantenimiento llega al lugar para hacer la
reparación y el mismo operador conoce ya el procedimiento, que en no pocos
casos ha sido simplificado (por ejemplo cubre-bandas con tornillos de mariposa y
tapas con hoyos ranurados que evitan tener que remover los tornillos por
completo). El (la) operador(a) se convierte en una valiosa ayuda para la
agilización del servicio.
A
medida que el (la) operador(a) se familiariza con su equipo, el coordinador
apoyado por los técnicos de mantenimiento le van dando más instrucción e
indicando las medidas de seguridad pertinentes para que avance en su capacidad
de intervenir el equipo.
Claro
que después de la implementación, la labor del coordinador apenas ha comenzado.
Debe mantener una continuada comunicación, mínimo cada semana, para escuchar
nuevas ideas de mejoramiento y simplificación, así como para recordar y
mantener frescos los detalles acerca de la conservación del equipo, la inspección
y la limpieza y orden del mismo y del área circundante.
Recordemos
que los nuevos conceptos gerenciales consisten en una más efectiva y realista
delegación de responsabilidades, (empowerment), y en escuchar con atención a
nuestro cliente, en este caso el (la) operador(a), aquí considerado(a) “propietario(a)”
de la máquina, quien por razón natural conoce su equipo mejor que nadie. Esa
delegación de responsabilidad será efectiva y realista sólo después de una
buena capacitación y entrenamiento.
Esta
clase de participación colectiva, hace que los operadores sientan una mayor
satisfacción por lo que están haciendo y logrando. De acuerdo con los más
recientes estudios de los expertos en comportamiento humano, nuestro máximo
potencial se pone de manifiesto cuando sentimos que nuestra aportación es
importante. De ahí la trascendencia de una buena capacitación que haga que
cada operador se ubique en su papel como protagonista de un cambio que puede
representar la diferencia entre el fracaso y el éxito; la desaparición o la
supervivencia de su empresa.
De
hecho a nadie nos conviene que una empresa fracase, así sea una empresa
competidora nuestra. Recordemos que
para que la gente pueda adquirir nuestros productos o servicios, debe tener
dinero. De ahí que la economía
local, regional, nacional y mundial nos afecte a todos por igual.
En
el pasado, las empresas funcionaban bien o mal dependiendo básicamente del
estilo gerencial de su líder. El
concepto del líder héroe, que lo sabía todo, que lo resolvía todo, se
extendió y desafortunadamente, perdura aún en nuestros días. Sin embargo ha
habido cambios significativos en varios aspectos: Veremos sólo tres de los más
relevantes:
1.
La educación de la gente.-
Es indudable que los trabajadores de hoy tienen un nivel más alto de educación
que las generaciones anteriores, de ahí que veamos más gente con iniciativa,
desenvolvimiento y determinación así como aspiraciones de progresar dentro de
la organización.
2.
El acceso a la información.-
Unido a esa educación, los avances tecnológicos han hecho que las
comunicaciones se agilicen a tal grado de que hoy nada hay oculto bajo el sol,
la gente accesa toda clase de información a voluntad. Esto hace que todos estemos más conscientes de los avances y
las nuevas formas de liderazgo.
3.
La competitividad.- Por las dos razones anteriores, las desventajas de
competencia tan comunes en el pasado están desapareciendo. Nuestros
competidores tienen prácticamente las
mismas oportunidades que nosotros, y además ya no sólo estamos compitiendo
contra los otros proveedores locales, sino de todo el mundo.
Esta serie de cambios han dado origen a nuevos conceptos de liderazgo.
Hoy ya no es líder el que acapara el poder, el control, las decisiones o la
información. Por el contrario, un buen líder hoy, es aquel que genera a
su entorno un ambiente favorable para que, toda la gente que conforma la
organización, se capacite ampliamente y participe con su mejor voluntad y con
abierta creatividad en todos los procesos.
Decisiones de equipo, responsabilidades compartidas, delegación de
funciones, reconocimiento de la experiencia, son sólo algunas de las características
de este nuevo estilo gerencial dispuesto a escuchar todas las voces. Es sin duda
un cambio favorable que ya está dando frutos abundantes. Esa responsabilidad
compartida es la base de la actividad en TPM que nos puede llevar a resolver las
pérdidas tradicionales.
Desde
hace ya muchos años, (1957) cuando era yo estudiante en el Politécnico de México,
capté muy claramente el efecto de potencialización que existe en este binomio.
La capacitación o educación es muy necesaria, pero si no se logra
llevarla a la práctica mediante entrenamiento dirigido a nuestras tareas
asignadas, pocas son las posibilidades de que realmente aprendamos el concepto.
Es como tratar de aprender a tocar un instrumento musical sin contar con uno
para practicar lo aprendido; o como tratar de aprender un idioma si no nos
atrevemos a buscar oportunidades de practicarlo.
Cuando años
más tarde me dediqué a la educación de adultos en aspectos técnicos, pude
descubrir que la aplicación del sistema de talleres o eventos
Kaizén que tanto
se utiliza en el Sistema de Producción Toyota, no es otra cosa que esa buena
mezcla de aprender y practicar, lo que consolida cada etapa. Kaizén es un término
japonés que significa mejoramiento continuo. Al llevar a cabo este proceso,
gracias a que constantemente se logra éxito, los participantes buscan nuevas
oportunidades de ponerlo en práctica, y mientras más lo repiten, mejor es el
grado de satisfacción, hasta que se convierte en un hábito. El hábito de
buscar constantemente más oportunidades de mejorar el proceso, el lugar de
trabajo, el producto, etc.
Se dice
entonces que la persona ha adquirido una mentalidad
Kaizén. Esta persona
disfruta cada vez que puede aportar su creatividad espontánea a la solución de
un problema. Es hábil para comunicarse y desarrollar un ambiente de amistad.
He
logrado combinar una serie de técnicas aprendidas a través de todos estos años.
El resultado lo he llamado Auto-Descubrimiento Creativo Lógico. Se basa en
razonamientos simples, como estos:
v
Aprendemos
más cuando enseñamos que cuando nos tratan de enseñar.
v
Aprendemos
más de lo que descubrimos y decimos que de lo que de lo que nos dicen los demás.
v
Otro
elemento que contribuye en mucho al aprovechamiento, es el estado de ánimo del
aprendiz y el entrenador. Para hacernos cargo de esta parte, debemos buscar que
las actividades se lleven a cabo en forma divertida. Jugando se aprende más y
mejor. Dicen los expertos en
educación que el que no se divierte no aprende. Traigamos a nuestra memoria
aquellos días en que aprendimos a manejar un auto o incluso una bicicleta. Lo
mismo cuando aprendimos a patinar, etc. Todos esos aprendizajes son muy
efectivos porque reúnen varias características:
Ø
Nos
interesa aprender
Ø
Nos
divertimos al aprender
Ø
Lo
ponemos en práctica, beneficiándonos de inmediato
Estos
factores debemos tomarlos en cuenta cuando estamos tratando de dar
entrenamiento. Uno de los detalles más importantes que se deben considerar, es
que a la gente le gusta más descubrir por sí misma, que escuchar una
conferencia, por muy experta o respetada que sea la persona conferenciando.
Esos
descubrimientos hacen que la gente se divierta. Recordemos los experimentos de
laboratorio en la escuela... o las clases de taller, especialmente de los
talleres que más nos gustaban. Realmente el uso de estas técnicas resultará
en una más fácil y más efectiva forma de lograr resultados. Mutuo respeto y
ambiente de absoluta confianza contribuirán a que los participantes aprendan
mejor y compartan lo que saben, que frecuentemente es más de lo que ellos
mismos se imaginaban.
En la
educación de adultos, no debemos tratar de conducir la sesión mediante un
“script” o temario rígido. Siempre resulta contraproducente.
Tendremos
mejores resultados si seguimos estos sencillos pasos...
v
Con
anticipación debemos definir el objetivo principal de la instrucción, y dárselo
a conocer a los participantes.
v
Pedirles
que compartan con el grupo sus expectativas sobre el contenido de la capacitación.
Esto nos ayuda a hacer especial énfasis en determinados temas que ellos
consideran de importancia.
v
Preguntarles lo que ya saben o creen saber respecto al
aprendizaje que se va a desarrollar. Si hay algunos que tienen o creen tener
bastante conocimiento, pedir que expliquen brevemente lo que saben y clarificar
las posibles deficiencias. Aún si sus percepciones son erróneas, no debemos
ponerlos en evidencia ni hacerles sentir mal, o dejarán de colaborar.
v
Hacer
una rápida evaluación sobre el nivel de conocimiento que tienen todos en la
materia.
v
Hacer
constante mención a lo que los participantes nos dijeron como sus expectativas
y cómo, lo que vamos aprendiendo, satisface tales expectativas.
v
Durante
las sesiones de aula o en el piso, hacerles preguntas específicas de refuerzo
tales como...
o
¿Consideras
que esto que acabamos de definir te va a permitir usar la herramienta (o la máquina)
con más efectividad?.. o
o
¿Crees
que esto responde a la duda que tenías acerca de la lubricación (o de la
vibración, el ajuste, etc.)?
Esto les
permite confirmar que el taller está enfocado especialmente a sus
necesidades y que se están beneficiando individual y directamente de
ello.
Cuando
pasemos a las sesiones prácticas, que yo recomiendo se mezclen con agilidad
durante el día, en un 50% o más del tiempo total, enfatizar la aplicación de
lo que se vio en el salón de clase con lo que se aplica directamente en el
piso. Esto hace que cada concepto se fije mucho mejor, ya que se le encuentra
sentido práctico.
Continuando
con el proceso de talleres
Kaizén de mejoramiento continuo, la consolidación se
debe verter en una nueva hoja de proceso, o una nueva lista de verificación o
ambas, que faciliten la continuada aplicación de los cambios convenidos. Este
concepto se refuerza en el capítulo de Sistemas Visuales.
Aquí
entra en juego la habilidad del instructor para conseguir que sean los
participantes quienes escriban tales hojas de proceso o listas de verificación
en sus propias palabras. Desde luego que nos debemos asegurar que queden
contenidos los puntos vitales. He podido comprobar en la práctica que seguirán
con mayor apego las recomendaciones y normas que ellos mismos escribieron. Además
se favorece el sentido de propiedad, tan importante en esta nueva cultura.
Naturalmente
al terminar cada parte del taller o la sesión de capacitación y entrenamiento,
es muy necesario hacer una recapitulación donde todos los participantes
contribuyen indicando cómo lo aprendido va a ser aplicado en su diaria
actividad.
Esta
sesión de reafirmación resulta en un compromiso espontáneo de los
participantes en el seguimiento de lo propuesto. Recordemos que existe una
fuerte tendencia en todo ser humano a volver a la forma antigua de hacer las
cosas.
Corresponde
al líder o coordinador dar seguimiento al menos durante las siete siguientes
semanas a fin de que el nuevo proceso o nuevo arreglo se convierta en un hábito
y quede estandarizado. Es el conjunto de hábitos mejorados lo que constituirá
la nueva cultura que estamos persiguiendo para que la empresa se haga más
productiva.
Esto es
particularmente necesario cuando el personal adquiere nuevas responsabilidades
que en el pasado estaban asignadas a otra persona o grupo, o que nadie las hacía.
El Mantenimiento Autónomo, base fundamental del programa de TPM es un ejemplo claro. Los operadores
adquieren las nuevas responsabilidades de limpiar, inspeccionar, lubricar y
hacer arreglos menores, así como el proponer mejoras para su máquina y área.
Si no damos seguimiento, a los pocos días habrán hecho de lado dichas
responsabilidades y el avance se habrá perdido.
Definitivamente
la capacitación y el entrenamiento son las habilidades más importantes del
coordinador o facilitador. De esas habilidades depende totalmente el éxito del
programa, más que de los aspectos técnicos, ya que con un grupo de gente
motivada y bien entrenada en los principios del TPM, se adquieren los
conocimientos técnicos con mayor facilidad.
Nos
corresponde como coordinadores y promotores del plan, la responsabilidad de
integrar grupos de trabajo que combinen a gente de gran experiencia técnica en
máquinas o sistemas como el que hemos decidido usar en la implementación.
También es importante que participen los operadores, ayudantes y convendría
contar con algún supervisor de área y con suerte hasta un gerente o ingeniero,
quienes con su capacidad de decisión darían gran apoyo logístico al proyecto.
En estos términos de participación, los trabajadores de producción, quienes
tradicionalmente han sido ignorados y sus ideas rara vez escuchadas, adquieren
una gran confianza en el proceso y por lo tanto lo hacen funcionar.
Muchos
ingenieros y gerentes, e incluso supervisores, se muestran asombrados al darse
cuenta de todas las excelentes ideas prácticas que los trabajadores aportan
para mejorar los procesos de limpieza, lubricación e inspección de su equipo.
Esto es vital en un efectivo mantenimiento autónomo, columna vertebral del
proceso de TPM.
Existe
por desgracia un temor muy generalizado en el sector empresarial, de que muchas
veces el personal capacitado se va a otras empresas. Sin embargo, es mucho más
costoso no capacitar ni entrenar a la gente y que ésta se quede.
Por
ejemplo, localizamos a un mecánico que hace muy bien una tarea como: cambiar un
filtro, cambiar o empacar una válvula, llenar un lubricador del sistema neumático,
cambiar una banda, alinear un motor, etc. Le pedimos que prepare en una página
(de preferencia hoja grande de las que se usan en el rotafolios de capacitación),
una explicación detallada pero muy simple del proceso, de preferencia ayudado
por dibujos sencillos o incluso algunas fotografías. Luego le pedimos que lo
explique a un pequeño grupo de personas que se beneficiarán de adquirir esa
habilidad. Se siguen tres etapas
simples:
Ø
Explicar
el proceso
Ø
Hacer
que el aprendiz lo explique
Ø
Hacer
que el aprendiz lo haga
De esta
manera, las personas con mayor habilidad van delegando esas actividades y
naturalmente van adquiriendo otras de mayor nivel de complejidad,
responsabilidad y trascendencia.
Ø
Tiempos
perdidos en Cambios y Ajustes (setup)
Ø
Tiempos
de lenta producción y paros por otras estaciones
Ø
Velocidad
inferior a la programada
Ø
Defectos
en el proceso
Ø
Reducción
de eficiencia por arranque
El
TPM tiene como objetivo eliminar esos problemas.
Son
innumerables las ventajas de TPM en la solución de estas causas que han sido
identificadas por los especialistas en ingeniería industrial. Si las analizamos
veremos que se trata de consecuencias más bien simples y que en muchos casos
están asociadas a un mal programa de mantenimiento.
Las fallas se hacen
crónicas cuando:
v
Las acciones correctivas, aunque ya estén predefinidas, no se han
aplicado. Ha hecho falta el ambiente de liderazgo, cooperación y determinación
que se logra con el TPM.
v
Las presiones de producción o entrega no permiten implementar la medida
correctiva.
v
El problema no es entendido por todos los implicados o es malentendido.
v
Se subestima el problema, o no existe suficiente capacitación y/o
entrenamiento para entenderlo y resolverlo.
Para reducir las pérdidas derivadas de las
fallas crónicas, se deben investigar en detalle las características de las
condiciones actuales. Éstas pueden ser reducidas aplicando acciones como:
v
Aumentando
la confiabilidad del equipo.
v
Mejorando el equipo
mediante su restauración
a las condiciones originales, (o aún mejores). Este último caso se da cuando el equipo además de
estar como nuevo, ha sido adecuado para servir mejor al propósito dentro de la
planta. Esto se recomienda siempre que no se alteren características de
seguridad.
v
Definiendo
claramente las condiciones de operación óptimas y haciendo que todos las
conozcan.
v
Eliminando
los defectos menores del equipo. En algunos casos el fabricante del equipo nos
apoyará si contribuimos a su re-ingeniería.
v
Utilizando debida y sistemáticamente el análisis de
causa raíz.
v
Capacitando al operador en el conocimiento general de
su máquina, sistemas auxiliares y el área de influencia.
Todos estos aspectos se cubren
en el evento Kaizen al implementar mantenimiento autónomo, base del TPM. El
resultado es un aumento considerable de la confiabilidad.
La confiabilidad intrínseca del equipo. Es
el índice de probabilidad de que el equipo, o el sistema, funcionará
satisfactoriamente, bajo las condiciones específicas, durante un cierto período
de tiempo denominado ciclo de vida útil. La baja confiabilidad del
equipo es la causa principal de las pérdidas debidas a fallas crónicas. La
confiabilidad está determinada por dos factores:
v
Confiabilidad de diseño: Los malos diseños dan como resultado fallas
mecánicas, eléctricas o hidráulicas. Se manifiesta en corta vida en las
partes, instrumentos de medición y control de baja calidad o inadecuados, o
ubicados en puntos inaccesibles; forma inadecuada o material inadecuado de las
piezas funcionales, etc.
v Confiabilidad de fabricación: Falla cuando el fabricante del equipo no
se apegó al diseño. El ensamble de las partes fue descuidado, falla en la
exactitud dimensional y/o la forma de las partes, materiales, durezas o acabados
de las mismas, tolerancias acumuladas, etc.
v
Confiabilidad en la instalación: Una
instalación deficiente puede resultar en vibración, torsión, y otros daños
al equipo. Sus causas: equipo desnivelado, desalineado, mal cableado, mala tubería,
deficiencia en conectores, soportes, suministros, pobre ventilación, etc.
v
Confiabilidad en
operación y maniobras: Puede ser afectada por los errores de
maniobras, deficientes ajustes previos al arranque y durante la operación.
También los estándares de operación inadecuados, (demandas que exceden el
diseño o usos diferentes al diseño original). Igualmente la inconsistencia en
el mantenimiento diario del equipo para conservar sus condiciones básicas,
reducirá la confiabilidad. Unos cuantos minutos dedicados a limpiar, lubricar e
inspeccionar pueden hacer una diferencia importante. La correcta capacitación
del personal evitará el deterioro de esta confiabilidad.
v Confiabilidad en mantenimiento: La deterioran los errores en
mantenimiento tales como el reemplazo de partes fuera de especificación o el
ensamble incorrecto, bajo nivel técnico o escasa experiencia del personal de
mantenimiento, reducen también la confiabilidad del equipo.
La capacitación se debe convertir en una tarea diaria, no sólo para el
personal de mantenimiento, sino también para los operadores.