Armonía en Nuestro Medio Ambiente
Poco a poco iremos también dando a todo nuestro entorno un orden adecuado que nos brinde comodidad, también la limpieza irá siendo cada vez mejor con el mismo objetivo.
Podemos ahora comenzar por elaborar una lista de tareas que consideremos necesarias de realizar para mejorar nuestra armonía, tales como:
Pintar aquél mueble o rincón de la casa que hemos estado postergando desde hace ya algún tiempo, reparar tal o cuál aparato o prenda de vestir. Se trata de una lista de actividades que iremos realizando en el corto o mediano plazo, sin presiones pero con el propósito de alcanzar cada vez un mejor nivel de armonía.
Aquí hay que moderar nuestro concepto de orden, pues en no pocos casos estamos voluntaria o inducidamente sometidos a condiciones de orden poco razonables y hasta ilógicas. No debemos tener más orden y organización que los que realmente se requieran para nuestro bienestar, y debemos evitar caer en condiciones en que nos convertimos en servidores del orden, lo cual, sin duda, puede romper nuestra armonía.
Ahora algo para nuestra conciencia...
¿Quién tuvo la culpa?
De toda situación desafortunada que hayamos tenido en el pasado, podemos recordar con bastante claridad y casi siempre encontraremos que hubo algún culpable: Los clientes incomprensivos o incomprensibles, la suegra metiche, la esposa gruñona, el esposo alcohólico, los familiares apáticos los trabajadores incumplidos o desleales, los proveedores informales, los gobernantes corruptos, los comerciantes ambulantes, la crisis económica, el clima, la devaluación, el tratado de libre comercio, la competencia desleal, los compañeros holgazanes, el ayudante inepto, los jefes desagradecidos, etc.
La verdad es que en algunos casos nos ha costado trabajo encontrar
¿quién tuvo la culpa?
Ahora que estamos entrando al plano de la armonía, te tengo
muy buenas noticias:
No tendrás que esforzarte más por encontrar al culpable de todo lo que te suceda de aquí en adelante, lo verás diariamente en el espejo. En efecto, vas a lograr un desarrollo muy importante de tu sentido de responsabilidad y eso te traerá maravillosas consecuencias.
Si haces un análisis concienzudo de los tropiezos del pasado, hallarás que en todos los casos hubo algún error de acción u omisión personal que contribuyó al desenlace indeseable; aquí surge un buen ejercicio que te sugiero practicar: En completa intimidad harás una lista escrita de aquéllas situaciones indeseables que aún puedes recordar de tu pasado inmediato o remoto, ya sean asuntos de negocios, trabajo, profesionales o de relaciones personales, (incluso las familiares). Esta lista la harás formando una columna sobre la mitad izquierda de una hoja; ahora, en el espacio que ha quedado en el lado derecho, te pido que respondas con el mayor detalle posible y con absoluta verdad:
1.- ¿En qué forma contribuiste a los malos resultados?
y lo más importante:
2.-¿Cómo podrías haber contribuido para evitarlos?
Este ejercicio tiene varios objetivos
Tal vez el más importante es el de enfrentarte con la verdad, a veces un tanto dolorosa, pero como en el plano de la armonía ella será tu constante compañera, qué mejor que la conozcas y la reconozcas con todo el respeto que se merece. Durante mucho tiempo, culpé a la situación económica desastrosa que se originó en México en agosto de 1992 debido al "pacto de solidaridad económica", de una serie de fracasos en mis negocios, hice intentos en varios giros y todo seguía saliendo mal; hoy me doy cuenta de que no tomé las decisiones acertadas en el momento preciso, por ello resulté afectado por las circunstancias. Sólo cuando se enfrentan las cosas con toda claridad se está en la posibilidad de salir adelante en el próximo intento, de otra manera, es posible que redundemos, (en mis cursos acostumbro decir "rebuznemos"), en los mismos errores del pasado. Lo peor es que tendremos que, de seguro, darnos a la ardua tarea de buscar nuevos culpables.
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Armonía, en este caso, es la búsqueda de un grado de responsabilidad que nos permita obtener nuestros propios resultados sin estar sujetos a ningunas circunstancias externas.
Ahora bien: durante nuestro trayecto por la vida, habrá muchos casos en los que tengamos que hacer cambios a veces drásticos en nuestras relaciones con las demás personas. Esto no es nuevo, ha existido siempre, y los seres humanos de todas las épocas hemos tenido que enfrentar la ruptura de algunas relaciones que de otra forma nos pueden atar a una realidad injusta que lógicamente es contraria a la armonía. Resulta muy importante salir lo mejor librados posible de estas rupturas. A veces se tratará de personas de poca influencia en la vida, pero habrá casos en que se trate de personas que tuvieron una gran importancia en nuestra vida, tal es el caso de cónyuges, hermanos, hijos, amigos y familiares de otros grados.
Estas rupturas necesitan de una etapa de maduración y asimilamiento que en no pocos casos van acompañados de dolor, (En inglés hay un nombre para esta acción que se llama "grief" y se pudiera traducir como "duelo", acción de asistir a un funeral), para que logremos sobreponernos y queden en su debido lugar: El álbum de los recuerdos.
No deberán nunca estos recuerdos quedar asociados a rencores o remordimientos, pues lo que no se hizo en el tiempo en que la relación estuvo vigente, ya no se podrá hacer fuera de ella, y sólo lograríamos más sufrimientos, así pues, deberemos perdonar y olvidar totalmente las causas de ruptura y solamente nos deberá interesar que se acumulen a nuestra experiencia a fin de no reincidir.
Es muy importante estar bien conscientes de lo anterior pues de otra forma podemos caer en una falta de armonía que no tiene solución y crece como bola de nieve, revirtiéndose contra nosotros.
Comenzamos ahora a analizar uno de los aspectos más difíciles pero a la vez más importantes en lo que a establecer armonía se refiere. En efecto, el ser humano depende en gran medida de su medio social en el diario desarrollo de actividades.
El hecho de que este aspecto sea difícil no deberá desalentarnos, ya que también es cierto que sus efectos serán muy gratificantes.
En nuestro diario desempeño dependemos de toda la comunidad en que nos hemos ubicado, ¿no es cierto?, pensemos qué tanta armonía hemos sabido desarrollar hasta ahora respecto a esa comunidad. Preguntémonos y respondamos con toda honestidad si hemos estado siendo tan amables, respetuosos y apoyadores de los demás, como nos habría gustado que los demás fueran hacia nosotros.
Si tenemos aquí algunas respuestas que no nos llenan precisamente de gran satisfacción, ahora veremos algunas acciones que conviene tomar al respecto.
Desde luego no debemos circunscribir nuestra observación a nuestras relaciones con toda esa gente agradable que tenemos a nuestro rededor haciéndonos amable la vida; también debemos incluir a esas personas que en el pasado han quedado al margen de nuestra lista de amigos, a las que en no pocos casos hemos tratado con antipatía, soberbia, desprecio o simplemente desgano, desde luego que siempre en respuesta a un trato similar de parte de ellos. En efecto, vamos a esforzarnos por corregir estas malas relaciones, a fin de cuentas, ellos también forman parte inevitable de nuestro medio ambiente, y de alguna forma nuestra armonía se está viendo alterada por esas malas relaciones que hemos establecido, sufrido y fomentado con ellos.
Te tengo muy buenas noticias, desde ahora ya nadie te va a Caer Gordo, todo será armonía.
Mi padre, ¡Qué gran señor! decía (y lo demostraba con hechos), que su secreto para el gran éxito que siempre tuvo en sus relaciones, era el de tratar a cada persona como si fuera la más amable que conocía. Ciertamente un consejo de nobleza como éste, resulta siempre difícil de seguir, a mí mismo me tomó años alcanzar a comprender su magnitud, pero bien vale la pena si valoramos sus sorprendentes resultados... Aquí surge pues otro ejercicio muy saludable:
Te propongo que selecciones a una de esas personas a las que tratas constantemente y que hasta ahora no han tenido muy buenas relaciones contigo o que simplemente no han sido tan agradables. Durante las siguientes siete semanas harás un esfuerzo muy sincero por tratar a esa persona como si hubieras recibido de su parte los más grandes favores y atenciones. Te resultará impactante el resultado, y después de unos cuantos días ya no te resultará difícil continuar este buen trato.
Seguramente hasta habrás ganado una nueva amistad.
La gente es lo que esperamos de ella.
En no pocos casos, algunas otras personas se acercarán a ti para preguntarte cómo lograste que aquélla persona difícil cambiara su actitud hacia ti. Lo único que tienes que hacer es decirles que a ti siempre te trata de la mejor manera imaginable, esto indudablemente reforzará tu actitud positiva, acelerando los resultados.
Crítica Realmente Constructiva
Uno de los hábitos más negativos contra la armonía es el de criticar, y es que somos tan buenos observadores y nos gusta tanto la perfección, que siempre estamos tratando de ayudar a los demás mediante nuestras críticas a hacer las cosas de la manera correcta (en nuestra opinión, claro). Es tan inútil esta actitud, que realmente representa un desperdicio de nuestra inteligencia y poco o ningún apoyo a nuestra armonía. Por el contrario, frecuentemente este hábito de criticar a los demás nos creará conflictos innecesarios.
Debemos canalizar esta energía en una dirección diferente, en la que seguramente hallaremos una excelente respuesta...
Hace varios años ya, tomé este consejo de un interesante curso de superación personal, y hasta ahora seguramente son ya cientos los conflictos que me he evitado, pero lo más interesante es que he podido desarrollar una habilidad de autocrítica que, sin duda, ha contribuido en mi desarrollo profesional de manera determinante.
Cuando otra persona esté actuando de manera que nos parezca inadecuada, en vez de reclamarle su actuación, mejor aprovechemos para analizar si no por casualidad nosotros tenemos algo que puede mejorarse en nuestro propio desempeño. Al principio casi nunca hallaremos imperfecciones en nuestro proceder, en realidad lo que vamos a encontrar serán puras justificaciones con las que constantemente nos hemos protegido, pero a medida que repitamos esta observación, encontraremos varias sugerencias qué hacernos a nosotros mismos, y acabaremos siendo unos verdaderos expertos en auto-criticarnos. Esto, sin duda representará importantes avances en nuestro desarrollo y mejorará nuestras relaciones sociales.
Me llega a la memoria un pequeño fragmento de la bellísima obra de un gran personaje que de armonía sabía mucho y decía más o menos así...
Trata y acepta a la gente tal como es, ayúdala si puedes, defiéndete de ella si es preciso, mas nunca pidas a los demás que sean como tú quisieras que fueran, recuerda que tú tampoco eres ni serás como los demás quisieran que tú fueras. Amado Nervo
Y ya que hablamos de nuestra armonía con la sociedad, y dado que en la vida actual el automóvil se ha pasado a integrar como miembro preponderante de la familia, vamos a analizar nuestra manera de desempeñarnos al volante. Una pregunta inicial: ¿Te consideras una persona responsable y respetuosa de los demás cuando manejas? No te precipites a contestar afirmativamente, veamos antes algunos aspectos generales:
El conductor respetuoso y responsable...
No excede los límites de velocidad ni infringe los reglamentos estipulados por la sociedad.
No invade las líneas del área de peatones ni se estaciona sobre las banquetas así se trate de la rampa de su casa, evitando así ocasionar molestias a los transeúntes.
No considera que la ciudad, la carretera o el campo son algo así como extensión de su basurero particular, así que jamás tira ninguna basura por pequeña que sea a través de la ventanilla.
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No utiliza el claxon de su automóvil más que en los rarísimos casos en que hacerlo, puede ayudar a evitar un accidente, jamás lo usa para ofender a otros, ni siquiera para activar la circulación y mucho menos para llamar a su familia o amigos, pues está consciente de las molestias que el ruido puede ocasionar a los demás.
Tampoco hace comentarios desfavorables de los demás conductores aunque éstos se comporten de manera inadecuada, ni permite que su estado de ánimo se altere por esa causa, pues acepta que, en ocasiones todos llegamos a fallar.
Aún envuelto en una congestión de tráfico, conserva la serenidad pues está consciente de que el ponerse de mal humor no le ayuda a salir del problema y hasta puede llegar a afectarlo.
Nunca estaciona el automóvil en doble fila ni en lugares prohibidos, mucho menos en lugares donde puede ocasionar molestias a otros.
Como consecuencia de lo anterior, disfruta todo momento ya sea que vaya sólo o acompañado, contribuyendo así a su propia armonía y la de los demás.
Si luego de estas observaciones seguimos pensando que conducimos en forma responsable y respetuosa, entonces estamos acercándonos al objetivo principal de nuestra vida.
Lamentablemente existe un grupo social integrados de individuos con tan pobre autoestima, que necesitan de un vehículo ostentoso y a veces hasta intimidante para poder superar esa pobreza de espíritu. Entendamos y aceptemos a esa pobre gente que se hallan aún bastante lejos de alcanzar la armonía.
Exageración..?
Alguien me dijo que afirmar que este es el objetivo principal de nuestra vida es una exageración, pero definitivamente no es así. Es un hecho perfectamente comprensible que el que alcanza la armonía total, prácticamente tiene todo lo que siempre anheló. Esto lo puede afirmar todo el que, como yo, haya alcanzado esta condición.
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