Ganadores y Perdedores
Con demasiada frecuencia encontramos que las familias se destruyen debido a la tendencia equivocada de que para que alguien resulte Ganador tiene que haber un Perdedor.
Tal vez esto resulta cierto en los deportes y en los juegos de azar o los de salón, pero aún en ellos, el objetivo debe dignificarse. Es la diversión o el entretenimiento lo que se persigue con tales actividades, ¿no?, entonces el sólo hecho de jugarlos ya está cumpliendo el objetivo, pero resulta que muchas veces el que pierde el juego, se siente ofendido y derrotado, especialmente si el ganador toma una actitud arrogante o hace implícita su superioridad.
En las discusiones familiares en general, pero muy especialmente donde la mujer latina tiene la idea de que si termina por ser aceptada la idea del esposo, esto significará una derrota para ella, se deja de lado el objetivo común de la pareja para convertirse aquello en un verdadero campo de batalla.
Resulta entonces muy importante dejar establecido que una discusión no es una pelea, y por lo tanto no debe haber un perdedor. Más bien la discusión debe ser un diálogo donde en pareja o con la familia en pleno, cada quien expone sus puntos de vista y propone soluciones para un problema común, y se llega a una conclusión que ha de traer bienestar a todos, sin importar de quién haya sido la idea que finalmente se acepta.
Una buena sugerencia aquí sería la de evitar levantar la voz y no apasionarnos demasiado con nuestras propias opiniones, admitiendo en todo momento que las de los demás son tan valiosas como las nuestras, y alguna de ellas o la combinación de más de una, puede ser la que más nos conviene a todos adoptar.
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Ya no está de moda aquella tendencia de que el hombre es el amo y señor de toda situación, ni de que la mujer es un ser inferior cuya única función en el hogar era la de obedecer.
Hoy la mujer está alcanzando los más destacados niveles en todas las actividades.
Incongruente, ¿verdad?. Especialmente si somos sensibles y sociables, la soledad nos resulta motivo de verdadera inquietud y desasosiego, lo que ocasiona desde luego la ruptura de nuestra armonía.
Como lo he mencionado en otras ocasiones, mi esposa Jill y yo formamos una pareja con muy poderosos lazos de unión, a tal grado que en más de una ocasión, hemos necesitado analizar nuestras actitudes; en especial las mías, para asegurarnos de no estar cayendo en un caso de dependencia.
Recordemos aquí que el verdadero amor es todo lo contrario: Armonía con independencia, Bienestar con libertad.
Bien, pues resulta que por asuntos profesionales, en más de una ocasión hemos tenido que permanecer varios días separados. Como lo dije líneas arriba, esta situación es motivo de desasosiego y por momentos puede alcanzar niveles de verdadera desesperación. Lo anterior se vé particularmente acentuado en espacios de tiempo cuando hay poca o niunguna actividad que mantenga ocupada nuestra mente.
Analizando este problema y buscando posibles soluciones, he encontrado algunas maneras de enfrentarla y ahora me dispongo a compartirlas contigo.
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Para quienes tienen fé, este recurso resulta de muy alto valor, pues al invocar a su Dios, sentir Su presencia y Su voluntad de unirnos con nuestros seres queridos aún a través de la distancia. Esto es por demás reconfortante.
Imaginemos siempre lo más positivamente posible, que todas las actividades de la persona distante están siendo todo un éxito, el cual luego compartiremos. El resultado de hacer esto es sorprendente, en especial cuando existe una fuerte identificación entre ambos y estamos haciendo uso de nuestra mente subconsciente, pues en realidad estaremos ayudando en los resultados.
Los medios actuales de comunicación: la telefonía, el Internet, etc. han alcanzado un sorprendente perfeccionamiento y nos permiten en la mayoría de los casos, establecer comunicación en unos cuantos segundos a cualquier lugar del mundo. El único inconveniente cuando sólo disponemos del teléfono, son las tarifas tan altas. Aún así, si nos limitamos a comunicar sólo lo más escencial y que vale la pena comentar antes de reunirnos, el costo no será demasiado alto, comparado con la sensación de bienestar que ambos lograremos. Conviene incluso, de ser posible, concertar cita para estas llamadas a fin de que resulten muy efectivas.
Tengo un hijo que durante un tiempo vivió a casi tres mil kilómetros de distancia y le amo entrañablemente. Normalmente nos comunicábamos por la vía telefónica una vez por semana, sin embargo, cierto día sentí de manera inexplicable una gran necesidad de llamarlo a media semana, y lo hice, hallándome con que mi muchacho estaba en una situación de urgencia, por enfrentar un problema fuera de su alcance y competencia. (Véase Trilema de los Problemas en el capítulo de la Creatividad). Por fortuna al llamarlo, logré darle apoyo para su solución.
Al principio este tipo de coincidencias nos sorprenden, luego, a medida que la armonía se vá haciendo parte de nuestra forma de ser y pensar, se convierten en lo más natural.
Desde luego nada de esto es comparable con la maravillosa alegría que nos significará el momento de reunirnos con nuestros seres amados. Pero también es verdad que gracias a estas separaciones cortas o largas, logramos una más correcta valoración del significado de nuestras relaciones.
Disfruta a tu familia hoy, nadie puede garantizar que mañana estarás en posibilidad de hacerlo..
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